En algún momento de los ochenta triunfó un tipo de juego que ahora prácticamente ha desaparecido. Hablamos de los matamarcianos de desplazamiento vertical donde tu nave iba cosechando bonificaciones mientras aniquilabas a los contrarios y esquivabas sus peligrosos proyectiles.
Básicamente había dos maneras de conseguir que uno de esos juegos resultara atractivo. La buena: un montón de “power-ups”, muchos enemigos, multitud de disparos por todas partes, gráficos resultones y mucha, muchísima rapidez. Y la mala… Lentitud desesperante, imposibilidad de adquirir el arma extra que estaba a sólo dos centímetros de tu nave, gráficos pobres, etc.
Lamentablemente Brave Pirate escoge la segunda vía, la del tedio. Un barco que se mueve con demasiada torpeza y lentitud tiene que enfrentarse a ¡minas gigantes!, bajeles con malas pulgas pero de rápida rendición, cañones fortificados y demás maleantes de agua salada. Para muestra un botón: dejas que el juego continúe solo durante unos segundos y tu barco continúa flotando… Mala señal.